Moisés García, investigador: “A muchas personas les haría bien el consumo terapéutico de cannabis y lo que desean es poder hacerlo sin cometer delito”

 

 

España es uno de los países punteros en investigación sobre cannabinoides, tanto en el campo de los receptores cannabinoides que posee el cuerpo como en el de los efectos que provocan en el organismo los compuestos que produce la Cannabis sativa L, la planta de la marihuana. 

 

Sin embargo y pese a ese liderazgo, en España aún es ilegal el consumo de estas sustancias de las que ya, desde hace más de 30 años, se tienen evidencias científicas acerca de su poder para tratar los síntomas de distintas enfermedades neurodegenerativas, el cáncer o patologías de la piel.

 

En un mundo en el que es tendencia la legalización y el uso terapéutico y también de ocio de estas sustancias, en el Estado español la desregulación campa a sus anchas al tiempo que miles de personas piden un marco legal para el consumo de la marihuana.

 

En Canarias una Proposición No de Ley (PNL) llevada al Parlamento autonómico por los socialistas, apoyada por el resto de grupos de la Cámara regional a excepción del PP, ha aprobado instar al Gobierno estatal a “promover avances sólidos” para legislar sobre el consumo de cannabis. Al mismo tiempo, la propuesta pretende que la Sanidad autonómica regule de una vez el uso medicinal de los cannabinoides.

 

Moisés García Arencibia es biólogo e investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y un experto en este campo en el que comenzó a estudiar en 2004. Miembro de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC) explica en esta entrevista lo que sabe la Ciencia hasta ahora de estas sustancias, algunas de las falsas creencias acerca del consumo de la marihuana como terapia, tanto desde el punto de vista de sus defensores como de sus detractores, y por dónde se conduce ahora la investigación en España y en el mundo.

 

¿Qué opina de que el Parlamento canario haya abordado el uso terapéutico del cannabis?

Me parece oportuno tanto que se haya presentado una PNL en el Congreso de los Diputados como que haya otras comunidades autónomas como la canaria que tomen partido también en esta cuestión. La evidencia científica que se ha ido acumulando en todos estos años sobre el potencial terapéutico en determinas situaciones de enfermedad está clara. A muchas personas les haría bien el consumo medicinal de cannabis. Lo que desean es poder acceder a él sin cometer delito y en las mismas condiciones de calidad que tienen otros compuestos con igual potencial terapéutico.

 

Moises

 

Pacientes que desean consumirlo, ¿y médicos también que quieren administrarlo por vía legal?

Sí. Existen facultativos que opinan que estas sustancias vendrían bien a sus enfermos pero que no pueden recetarlo. De hecho ya hay un medicamento desde 2014 en las farmacias españolas que es un extracto de la planta de marihuana. Se llama Sativex y está indicado para la espasticidad asociada a la esclerosis múltiple, la rigidez muscular que tienen los pacientes que padecen esta enfermedad. No es curativo pero alivia la sintomatología cuando se aplica el espray bajo la lengua. Lo que muchos pacientes solicitan es que, dado que este fármaco es muy caro y además solo está permitido en ciertas circunstancias, se les autorice acceder a la planta pero en condiciones terapéuticas idóneas, con un control de calidad que analice la concentración de los principales principios activos de manera que puedan consumirla mientras se llega a la aprobación de otros fármacos. Una de las cosas que sabemos es que el uso de cannabinoides con opioides es útil porque hace que se disminuya la cantidad a administrar de estos últimos. De esta forma, podría usarse en hospitales administrando menos morfina a los enfermos por que esta tiene unos efectos secundarios más graves que los que produce la marihuana.

 

¿Qué diferencia a la morfina del cannabis?

Ambos provienen de plantas pero en el organismo actúan en distintos lugares. Las células disponen de unos receptores que reciben determinados compuestos, en principio los del propio cuerpo. Pero se han descubierto otros en la naturaleza o que hemos sintetizado, que los imitan y son más potentes. En el caso de los opioides copian a las endorfinas, que son los compuestos que producimos cuando sentimos placer. La morfina se une a esos receptores de las endorfinas de forma mucho más potente y por eso el placer es mucho mayor. Los compuestos de la marihuana se asocian a otros receptores, que son los de los cannabinoides y forman el sistema cannabinoide endógeno o sistema endocannabinoide. Cuando una persona consume cannabis se produce una hiper activación de ese sistema que guarda relación con el control del sueño, el control del movimiento, del apetito y el control del dolor. Un individuo que consume cannabis, ya sea en hachís, marihuana o cualquier otra forma, va a tener mucho apetito, somnolencia, relajación muscular y alivio en su dolor.

 

Algunos de los defensores del uso medicinal de la marihuana consideran que por ser una planta es más inocua que otras fuentes no ‘naturales’.

Natural es la cicuta. Ese discurso de natural versus artificial no lo comparto. Habrá cosas que directamente en la naturaleza funcionen bien y otras que tengan que evitarse. Existen muchas plantas útiles, pero solo una parte de ellas. Por ejemplo, el provecho de la estevia (edulcorante), que está tan de moda, son los glucósidos de esteviol. La planta completa puede resultar tóxica. O la salicina, extraída de la corteza del sauce, que hemos convertido en ácido aceltilsalicílico para las aspirinas. En el caso de la marihuana, es cierto que unas moléculas en la planta potencian la acción del sistema cannabinoide del organismo. Unas veces nos interesará potenciarlo para producir determinados efectos ya que con algunas enfermedades el sistema no funciona bien y puede ser reactivado con compuestos de manera exógena.

 

A su juicio, ¿cuál es el principal obstáculo para liberalizar la utilización del cannabis con fines médicos?

En mi opinión es, principalmente, una cuestión de desconocimiento por parte del que tiene que tomar la decisión sustentado en unos prejuicios que no tienen base científica. El Gobierno británico disponía hasta hace varios años de un consejo asesor para la regulación de las drogas. Pues bien, al presidente lo obligaron a dimitir, lo echaron, por que propuso que o se legalizaba el cannabis o se colocaba al mismo nivel penal el consumo de tabaco y de alcohol. Es decir, defendía que no puede haber unas drogas patrocinadas por el estado y que sean legales, por que el alcohol y la nicotina son drogas, mientras otras que no son más tóxicas que ellas sí sean ilegales. El comité de expertos se reunió, después de que echaran al presidente, y decidió dimitir también al completo ya que el gobierno no tenía en cuenta la opinión científica.

 

Habla de prejuicios morales y económicos, fundamentalmente.

Sí aunque no creo que sean tanto económicos. En el estado de Colorado (EE.UU.) se ha legalizado el consumo de cannabis con fines tanto lúdicos como terapéuticos y se ha recaudado una barbaridad en impuestos. Las arcas del estado saldrían ganando con la legalización puesto que tributarían el cultivador, el transportista y el vendedor. Sería un gravamen especial como el que se aplica al tabaco, el alcohol y la gasolina.

 

¿Las tabaqueras no lo verían como un competidor?

No considero que estén en contra y, al contrario, pueden coexistir. Al igual que la gente en el trabajo se toma cinco minutos para fumar un cigarrillo, pero no se bebe un güisqui, no creo que se vaya a consumir cannabis en el ámbito laboral. Cada sustancia tendría su hueco. Es como cuando se afirma que las farmacéuticas no están a favor de la legalización pues perderían dinero. El Sativex se vende en la farmacia y lo ha puesto ahí la industria, que está ganado dinero con ese preparado. En mi opinión es un motivo más de miedo de la sociedad en general, y de quienes tienen que tomar las decisiones, los políticos, al término droga. Colocan al mismo nivel la heroína y el cannabis y, sin embargo, no lo hacen con la nicotina y el alcohol.

 

En su tesis doctoral investigó qué hace el cannabis en el cerebro.

Sí. En este órgano es en el que se localizan más receptores de canabinoides. A través de ellos se logra el efecto psicoactivo, lo que vulgarmente la gente conoce como estar colocado. La enfermedad de Parkinson afecta principalmente, en las primeras fases, al movimiento, Hay muchos receptores de cannabinoides en las áreas cerebrales que controlan el movimiento pero los pacientes con esta enfermedad, en etapas presintomáticas, tienen reducido el número de esos receptores. De alguna manera el cerebro queda desprotegido pues los cannabinoides son neuroprotectores. Lo que vimos en la investigación fue cómo algunos compuestos de la planta de la marihuana podían proteger a las neuronas que estaban muriendo por la enfermedad, y cómo actuando sobre ese sistema, bloqueándolo en este caso, podíamos aumentar el movimiento. El trabajo se desarrolló siempre en animales de laboratorio. Los biólogos hacemos toda la investigación preclínica; la clínica es de los médicos.

 

¿Se puede trasladar ese resultado a otras patologías?

Sí. De hecho en el mismo laboratorio en el que hice la tesis hay otras líneas de investigación sobre el potencial que tienen los cannabinoides en ciertas enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), la esclerosis múltiple, la corea de Huntington, las ataxias, y en algunas demencias como el alzheimer.

 

Son beneficios paliativos pero no curativos.

Claro. Hay mucha evidencia preclínica en experimentos de laboratorio, pero no muchos ensayos clínicos todavía. Y no solo en ese tipo de enfermedades. También sabemos del potencial antitumoral de ciertos cannabinoides en determinados tipos de tumores con ratones. Incluso en Canarias se realizó hace unos años un ensayo piloto con 5 pacientes que padecían un glioblastoma multiforme en grado avanzado y habían sido tratados con cirugía y quimioterapia. Se constató que el uso de los compuestos de la marihuana era bien tolerado aunque eran pacientes con un tipo de cáncer muy agresivo y una esperanza de vida muy corta.

 

¿Cuál es el cannabinoide más efectivo y por qué?

La planta posee más de 500 compuestos y más de 100 son cannabinoides. El tetrahidrocannabinol (THC), también conocido como delta-9-tetrahidrocannabinol, es el de mayor concentración y principal responsable de los efectos psicoactivos que tiene la planta, el que causa el famoso colocón. Otro, el cannabidiol (CBD) es también de presencia abundante pero como no se une a los receptores para cannabinoides del organismo no tiene ese efecto psicoactivo. Sin embargo disminuye el del THC. Por eso se suelen administrar ahora juntos en fármacos como el Sativex. El CBD ofrece otros resultados interesantes para el organismo: menos efectos secundarios que el THC y efectos terapéuticos interesantes. Estos dos son los principales y los más estudiados al estar más concentrados en la planta. Ahora se trabaja en líneas de investigación para conocer otros compuestos que pueden ofrecer propiedades interesantes.

 

Una de las falsas creencias que manejan los detractores del uso medicinal del cannabis es el riesgo de la adicción. ¿Qué opina?

No todo el que consume cannabis se vuelve adicto igual que no todo el que se bebe una cerveza se vuelve alcohólico. Habrá quien sí, habrá quien no y el que se beba 15 cervezas será un alcohólico, el que se beba una, no. Por eso no todo el que consuma marihuana terapéutica será adicto, salvo el que tenga propensión a ello. De todas formas, volverse adicto al cannabis en un adulto no es sencillo. Ha de consumir muchísimo pues los compuestos de la planta se quedan almacenados en los tejidos grasos y se vuelven a liberar poco a poco en la sangre. No se padece síndrome de abstinencia como, por ejemplo, cuando uno no tiene nicotina y la ha de buscar inmediatamente por que el organismo sí que la ha eliminado de manera rápida. Si uno mira las encuestas cobre consumo de drogas en España después del alcohol, el tabaco y el cannabis la cuarta más consumida son los hipnosedantes con receta y sin receta. La gente se vuelve adicta a cosas que le venden en la farmacia y que una sustancia terapéutica cause adicción no ha impedido que se use en la farmacología. Sin embargo, el cannabis no crea tanta adicción como otras sustancias que son legales y se administran en las farmacias. Uno tiene que poner en la balanza el potencial terapéutico y los posibles efectos secundarios.

 

¿En qué países del mundo es legal el uso terapéutico?

Con distintos niveles de legalización (completa, para consumo terapéutico administrado en dispensarios autorizados, consumo terapéutico mediante autocultivo..) está regulado en muchos estados de EE.UU.,en Canadá, en muchísimos países latinoamericanos (como México, Argentina, Colombia y Uruguay). En Alemania se puede administrar con fines terapéuticos y en Portugal se acaba de legalizar.

 

Parece una cuestión de tiempo en España.

Si España fuera ejemplo de tomar las cosas buenas de otros países, pues sí. Pero muchas veces uno no entiende cómo adoptan decisiones los políticos. La legalización con fines terapéuticos es una tendencia y cada vez más con carácter total, tanto medicinal como lúdico, pues se considera que existen otras sustancias legales en el mercado que son igual o más dañinas que el cannabis.

 

¿Cuál en la tendencia en la investigación internacional?

Tras 25 años cada vez hay más literatura y se van descubriendo receptores para cannabinoides en sitios nuevos del organismo así como funciones inéditas que posee el sistema endógeno. Al principio esos receptores se localizaban en el cerebro y, más tarde, se descubrieron en el sistema inmune. Pero ahora, por ejemplo, sabemos ya que las células de la piel que liberan la grasa y provocan el acné también los poseen. Actuando sobre ellos se podría regular esa liberación de forma que ya se propone una línea de investigación para averiguar si disponen de potencial para el tratamiento del acné o la psoriasis.

 

Pero siguen siendo principales la investigación sobre enfermedades neurodegenerativas y el cáncer. ¿no?

Sí. Ambas pero también el dolor por el potencial analgésico de los compuestos de la marihuana. Además, la obesidad por que regulan la grasa y el apetito. La estrategia de los investigadores en este campo no es tanto bloquear los receptores cannabinoides del cerebro sino inhibir las señales periféricas que el cuerpo envía para decir que se tiene el estómago vacío y se ha de comer. O provocar que los adipocitos, de alguna forma, no acumulen esa grasa, o que el páncreas libere más insulina para que los azúcares en sangre se metabolicen. Eso es lo que se está estudiando ahora.

 

¿Y en España, qué se investiga?

Si de alguna cosa tenemos que presumir es que España está entre los mejores países del mundo en este campo. La Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides tiene unos 170 socios mientras en Italia, otra nación puntera europea, no existe una sociedad similar. A los expertos españoles se les pide asesoramiento en distintos países e instituciones mundiales. Pero, paradójicamente, teniendo a mano a los mejores expertos en su actividad científica que además se realiza con fondos públicos, no se les consulta para la toma de decisiones. Se financia una investigación que después las autoridades ignoran.

 

En Canarias hay casi 200 clubes de cannabis. ¿Cómo les afecta la falta de regulación del consumo?

La mayoría están agrupados en la Federación de Asociaciones Cannábicas de Canarias y se están movilizando. En muchas de estas entidades la gente se asocia por un consumo lúdico pero hay otras personas que recurren a ellas por que han leído o se han enterado del potencial terapéutico que tiene el cannabis y no son capaces de conseguirlo de forma legal en una farmacia o en un hospital. También muchas de estas asociaciones realizan análisis de calidad de la sustancias y de las concentraciones de compuestos para intentar proporcionarle a la gente lo más adecuado.

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