TIC contra burocracia

image¿A quién le interesa que la Casa Real británica se haya gastado este año setecientas mil libras solo en el revestimiento de carreteras y caminos de los jardines del Palacio de Buckingham? Seguramente a algún hijo y contribuyente de la Gran Bretaña que no tenga en qué entretenerse.

 

Al sur de Europa produce envidia el caso inglés, por que se pueda disponer a un clic de los informes en los que se da cuenta pormenorizada de en qué y con qué cuantía se gastan el dinero público gobernantes y jefes de estado.

 

Continuando con el paralelismo, en España no son accesibles aún a través de documentos que se presenten para su aprobación en las Cortes y sean publicados posteriomente en Internet los datos de cuánto le cuesta al presupuesto público, por ejemplo, la peluquería de la reina Letizia. Algo que sí ocurre con las veleidades de Isabel II con su imagen.

 

Ley de Transparencia Dios mediante, aprobada en 2013 con ásperas críticas por sus medias tintas, si se quieren conocer detalles del gasto presupuestario en el sitio oficial de la Casa Real española se ha de solicitar la información tras un proceso de registro. Un procedimiento que no es exclusivo con la familia Borbón sino que se exige para cualquier otra institución pública. En la web de la monarquía británica, por el contrario, un internauta tiene documentos en pdf para atiborrarse y pasarse una tarde husmeando entre detalles nimios y no tan cándidos.

 

De transparencia y su contrario, la opacidad en la gestión pública, además de participación ciudadana y la modernización de la administración ayudándose para ello de la valiosa aportación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), tratan los contenidos programados en el II Congreso Iberoamericano de Innovación Pública Novagob2015 que se ha celebrado en Tenerife.

 

Los expertos han debatido propuestas sobre gobierno abierto y calidad democrática. Casi nada para unos ciudadanos que ya no se conforman con que Internet y las TIC sirvan poco más que para gestionar el certificado de residencia o presentar el borrador del IRPF cada vez que Hacienda toca el silbato.

 

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